Por: Armando Olivero/ Analista Legal, especialista en Derecho de Autor
Durante décadas, la música fue el motor de la rebelión y un faro para los derechos civiles. Hoy, sin embargo, la banda sonora que domina el planeta –gran parte de la música urbana global– ha mutado en algo más siniestro. Artistas multimillonarios, como Bad Bunny, Karol G y Tokischa, no solo encabezan los rankings, sino que, según una reciente y explosiva investigación, parecen ser la punta de lanza de una agenda geopolítica diseñada para subvertir los valores tradicionales y la identidad cultural de Occidente. Esta operación es la manifestación pública de la Agenda Woke.
La magnitud de este fenómeno es innegable: la fiebre por el inicio de la gira mundial del astro boricua Bad Bunny provocó que las dos funciones para el viernes 21 y el sábado 22 de noviembre en el Estadio Olímpico Félix Sánchez se vendieran en un promedio de ocho horas. Esta velocidad récord en la venta de boletos subraya la escala del arrastre y el adoctrinamiento cultural que está teniendo lugar.
Esta «devastación cultural» es una estrategia perfectamente orquestada que trasciende la crítica musical. Es un proyecto de ingeniería social que, bajo el velo del entretenimiento, promueve activamente el vacío moral e intelectual. Sus mensajes glorifican el «haz lo que te dé la gana» sin culpa, normalizan el vicio, desincentivan el esfuerzo educativo y buscan desvincular a los jóvenes de su herencia espiritual. Esto no es un simple fenómeno musical; es el uso de un arte masivo como un instrumento de control ideológico.
La Agenda Woke y la Erosión de la Identidad
El contenido actual, en contraste con los ideales de la poesía clásica, promueve una cultura de la decadencia y el ocio. Los mensajes buscan sustituir los valores tradicionales, siendo los principales vectores de la Agenda Progresista en la música:
Promoción del Vicio: Se normalizan las drogas, las armas ilícitas y el sexo irresponsable.
Apatía Educativa: Se difunde el mensaje de «no estudies, no trabajes, sé rico fácilmente», desviando a la juventud del esfuerzo formativo.
Ataque al Género y la Fe: La constante burla a los roles tradicionales y a símbolos sagrados tienen como objetivo desarraigar a los jóvenes de su herencia espiritual y de su identidad, preparando el terreno para la manipulación ideológica.
El Refuerzo Radical: Tokischa y la Vía Rápida hacia el Desacato
La agenda de la élite global se diversifica a través de figuras que no solo cuestionan, sino que activamente profanan los códigos sociales y religiosos. El fenómeno de la artista dominicana Tokischa sirve como un potente acelerador de esta deconstrucción:
Profanación y Disrupción: Se hizo internacionalmente notoria por posar semidesnuda en un santuario religioso, un abierto desacato cultural. Su arte se centra en la «libertad plena», utilizando las letras explícitas y la provocación como un medio para alcanzar la fama.
Glorificación del Límite Roto: Su arte celebra temas tradicionalmente tabú como la hipersexualidad sin censura. Este fenómeno deslegitima y socava las instituciones cívicas bajo la bandera de la «denuncia social», consolidando el mensaje de que no hay límites morales ni éticos.
Karol G y el Patrón de la Violación Legal y Moral
El ataque a los valores no es exclusivo del reguetón masculino. Artistas femeninas globales han caído en un patrón de hipocresía corporativa y degradación moral:
Sexualización de Menores y Repercusión Legal: La cantante colombiana Karol G y sus colaboradores enfrentaron una resolución judicial en Colombia por su canción «+57,» donde el alto tribunal consideró que el contenido vulneraba los derechos de menores de edad por su fuerte sexualización. El precedente legal subraya l

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