“La patria inconclusa: lo que Duarte nos reprocharía hoy

 


Por Awilda Gómez

Si Juan Pablo Duarte viviera, nos exigiría cumplir los ideales de libertad, justicia y responsabilidad ciudadana que todavía hoy parecen inalcanzables. Volviera hoy, caminaría por las calles de la República Dominicana con una mezcla de orgullo y preocupación. No fundó la República únicamente para tener un símbolo o un himno; su meta era edificar un país basado en principios, respeto propio y ciudadanos conscientes. Al observar nuestra realidad, difícilmente se limitaría a celebrar la independencia lograda; más bien, nos cuestionaría desde cuándo empezamos a conformarnos con una patria a medias. Entre la corrupción, las brechas sociales y la apatía de muchos, el sueño que él deseaba parece aún inconcluso. Su ausencia histórica no debe ser excusa para ignorar los reproches que hoy, sin duda, nos haría.

Duarte era un hombre de ideas claras y carácter firme; jamás sacrificó la honestidad ni utilizó el país en beneficio propio. Ante la política actual, se indignaría al ver cómo se normalizan el clientelismo, el abuso de poder y la impunidad. Le dolería observar que algunos funcionarios confunden gobernar con servirse del Estado, mientras que parte de la ciudadanía, cansada o resignada, ha aprendido a convivir con la corrupción. Para Duarte, la grandeza de una nación no se mide solo por su economía, sino por la calidad moral de quienes la dirigen y quienes la toleran.

Su juicio tampoco sería indulgente frente a la desigualdad social persistente. Duarte soñó con una República donde la libertad fuera tangible para todos, no solo para una élite privilegiada. Hoy se preguntaría cómo es posible que tantos dominicanos sigan atrapados en la pobreza, con acceso limitado a educación, salud y oportunidades dignas. Vería en esa disparidad una traición silenciosa a los principios de justicia por los que luchó, recordándonos que una patria que excluye a la mayoría no puede considerarse verdaderamente libre.

Además, nos reprocharía la apatía ciudadana que se ha vuelto habitual. Él no esperó a que las condiciones fueran perfectas para actuar, y asumió riesgos por un objetivo común. Vería con preocupación cómo muchos dominicanos se limitan a lamentarse en privado o en redes sociales, sin participar activamente en la vida pública, organizarse o exigir rendición de cuentas. Para Duarte, la democracia no es un espectáculo que se observa desde lejos; es un deber diario. Nos recordaría que la indiferencia es una forma lenta de traición.

Finalmente, Duarte nos invitaría a reflexionar sobre nuestra identidad y valores como nación. Nos recordaría que la independencia no es solo un hecho histórico, sino un compromiso constante con la justicia, la solidaridad y la honestidad. Nos animaría a no contentarnos con símbolos vacíos o celebraciones superficiales, sino a edificar una República en la que la libertad y la dignidad de todos sean una realidad palpable.

La patria que él soñó sigue inconclusa, y sus reproches representan un llamado urgente a la acción. Duarte nos recordaría que cada ciudadano tiene la responsabilidad de honrar la República, no solo con palabras, sino con acciones coherentes y comprometidas. Solo así, quizás, la nación que él imaginó pueda dejar de ser un ideal y transformarse en una realidad plena.

La autora es periodista dominicana radicada en Puerto Rico, Miembro del Colegio Dominicanos de Periodista(CDP) en República Dominicana y de la Federación de Periodistas Digitales de Nueva York,(FIPED) Locutora y CEO del diario digital PrensaLatinadard.com

Publicar un comentario

0 Comentarios