El liderazgo del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en Espaillat está en el ring.


El senador Carlos Gómez solicita respetar los acuerdos de equidad interna, mientras que el ministro Andrés Bautista insiste —según dirigentes locales— en concentrar la mayoría de las posiciones partidarias para fortalecer el posicionamiento de su hijo, el diputado Enmanuel Bautista. Señalan que esta estrategia estaría apoyada en el uso de influencia institucional mediante nombramientos, promesas y recursos económicos generados desde la posición en intento de debilitar el liderazgo del senador, lo que provocaría divisiones internas con consecuencias favorables para la oposición. Se trata de una jugada riesgosa que, en ocasiones, surge por intereses individuales para imponer familias, compañeros que les respondan directamente o incluso por celos políticos, lo que termina afectando y debilitando la democracia y la unidad partidaria.

Ante este escenario, el senador Carlos Gómez ha planteado que, de no lograrse un acuerdo equitativo 50-50, lo más democrático sería acudir a elecciones internas, conforme establecen las normas partidarias.

Este contexto adquiere mayor relevancia si se considera que Carlos Gómez ha sido electo senador en dos ocasiones de manera invicta y mantiene niveles de simpatía superiores al 60 % en la provincia, lo que lo convierte en un activo político clave para su organización.

Situaciones como estas reflejan una práctica que lamentablemente se ha repetido en distintos partidos políticos: el uso del poder interno para favorecer posicionamientos familiares por encima del consenso y del trabajo político acumulado por liderazgos con respaldo social. Este tipo de decisiones puede afectar la dignidad de dirigentes con trayectoria y abrir espacio para que otras fuerzas políticas intenten capitalizar ese descontento tratando de conquistar un activo importante del PRM en la provincia Espaillat.

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