San Francisco de Macorís, Provincia Duarte – 24 de julio de 2026
Cuando una niña, un niño o un adolescente se atreve a expresar lo que siente, a exigir respeto o a reconocer que todas las personas merecen igualdad, no solo está defendiendo sus propios derechos: está construyendo el país que todos tenemos derecho a heredar.
Ellos suelen ser los primeros en advertir lo que muchas veces la sociedad prefiere ignorar: que la violencia no es una costumbre aceptable, que nadie merece ser agredido ni excluido, y que estudiar, crecer y vivir en seguridad no constituye un favor, sino un derecho fundamental consagrado en la ley. Cuando alzan la voz, nos recuerdan que los derechos humanos no son solo conceptos escritos en tratados, sino la realidad cotidiana: la oportunidad de desarrollarse sin miedo, de ser escuchados y de construir una sociedad más justa.
El futuro no se edifica con discursos vacíos, sino con quienes desde hoy aprenden a respetar, a defender y a valorar la dignidad de cada ser humano. Escuchar a las nuevas generaciones y acompañarlas es la primera obligación de quienes dicen trabajar por el bien común.
“Cuando los niños y adolescentes defienden sus derechos, nos están enseñando el camino a un mundo mejor.”
— Rebeca Henríquez, Presidenta de la Fundación Derechos Humanos Global




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